El "enriquecimiento cultural" nos ha traído una nueva palabra: taharrush. Recuérdenla bien, porque nos la vamos a encontrar muchas veces. Taharrush es la palabra árabe para referirse a un fenómeno que consiste en que grupos de hombres rodean a mujeres y las acosan sexualmente, las agreden, toquetan y violan. Tras el taharrush de Colonia en Nochevieja, muchas mujeres compraron esprais de pimienta. ¿Quién podría culparlas?

Una cultura que tiene una palabra específica para los ataques de grupos de hombres a mujeres es un peligro para todas las mujeres. La existencia de la palabra indica que el fenómeno está muy extendido. Frau Merkel, el primer ministro Rutte y todos los demás políticos de las "puertas abiertas" podrían y deberían saberlo.

El mundo islámico está inmerso en la misoginia. El Corán establece explícitamente que una mujer solo vale lo que medio hombre (suras 2: 228 y 2: 282, 4:11), que las mujeres son impuras (5:6) y que un hombre puede tener relaciones sexuales con su esposa siempre que quiera (24:31). El Corán dice, incluso, que los hombres pueden tener esclavas sexuales (4:24), y que tienen el derecho de violar a las mujeres que hayan capturado (24:31).

Los hadices, que son descripciones de la vida de Mahoma, el ideal humano cuyo ejemplo deben seguir todos los fieles islámicos, confirman que las mujeres son objetos sexuales, que son seres inferiores, como los perros y los monos, y que no hay nada de malo en la esclavitud sexual o en la violación de las prisioneras.

Taharrush es una palabra muy común en los países islámicos. Las mujeres son rodeadas a menudo por hombres que después abusan de ellas. La web egipcia Jadaliyya señala que también les ocurre a las mujeres que llevan velo. Las mujeres son víctimas por el mero hecho de serlo, y no porque hayan provocado a los hombres con su conducta o su ropa provocativa. Puede ocurrir en las calles, el transporte público, los supermercados o durante manifestaciones de protesta.

En 2011, a la periodista de la televisión norteamericana Lara Logan le arrancaron la ropa; la "violó con las manos" un grupo de 200 hombres en la Plaza Tahrir de El Cairo. Dos años después, una joven holandesa fue víctima de taharrush en la misma plaza. Ahora, con la afluencia de migrantes del mundo islámico, el fenómeno también ha llegado a Europa. La élite ha intentado ocultárselo al público, pero ya no puede seguir haciéndolo.

Geert Wilders: "Taharrush es la palabra árabe para el fenómeno por el que las mujeres son rodeadas por grupos de hombres que las acosan sexualmente, asaltan, violan. Una cultura que tiene una palabra específica para eso es un peligro para todas las mujeres". A la derecha: este mes ha habido manifestaciones en Alemania en repulsa por los asaltos sexuales registrados en Nochevieja en Colonia y otras ciudades del país.

Los dibujantes de Occidente ya han pasado por la experiencia de que los asesinos islámicos vayan a su puerta si se atreven a dibujar a Mahoma. Ahora, miles de mujeres en Colonia y decenas de ciudades en otras partes de Europa, como Zúrich, Estocolmo, Malmoe y Viena, han sufrido el tener violadores al acecho si se atreven a salir a la calle.

El islam significa sumisión. Y tiene su explicación. La llegada del islam ha dado lugar a la pérdida de libertades occidentales bajo la amenaza de la violencia. Y esta amenaza solo irá a más. Es un proceso insidioso hacia la completa sumisión de Occidente al islam.

El otro día la alcaldesa de Colonia advirtió a sus conciudadanas de que se mantuvieran alejadas de desconocidos. En Viena, el jefe de la Policía dijo que era mejor que, en lo sucesivo, las mujeres no anduvieran solas por la calle. Parece que Austria se parecerá pronto a Arabia Saudí, donde no se permite a las mujeres que vayan solas por la calle. Antes, en Holanda, a las mujeres de algunas familias que acogían a solicitantes de asilo ya las habían avisado de que llevaran ropa "apropiada" (incluso dentro de casa), nada de "vestidos de fiesta ni hombros desnudos", y de que se aseguraran de no quedarse nunca a solas en una habitación con un varón solicitante de asilo.

Pero la conducta de las mujeres no tuvo nada que ver. Además, es un escándalo que haya que avisar a nuestras mujeres de que modifiquen su conducta porque el Gobierno haya invitado a miles de hombres peligrosos a nuestro país. Cuando se importa el islam a Holanda, también se importa la cultura misógina de El Cairo, Damasco y Riad. Además de los velos, los burkas, las mezquitas, los crímenes de honor y el terrorismo, ahora tenemos taharrush.

La solución no es que nuestras mujeres se mantengan alejadas de los bárbaros, sino que el Gobierno mantenga a esos hombres a miles de kilómetros de nosotros. Hasta que eso no suceda, se necesitan otras medidas. Es irresponsable convertir nuestro país en una jungla y que las mujeres salgan desarmadas a ella. Por lo menos, deben tener el derecho de poder defenderse a sí mismas. A diferencia de países como Alemania y Francia, en nuestro país es ilegal llevar esprais de pimienta. Ahora que Holanda ha sido invadida por hombres que ven a las mujeres como instrumentos sexuales inferiores, es hora de legalizar los esprais de pimienta en Holanda como arma contra el taharrush.

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