El otro día, en la víspera de la visita del enviado de EEUU, Jason Greenblatt, a Ramala, cientos de palestinos se manifestaron en la ciudad pidiendo la dimisión de Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Palestina (AP). Los manifestantes también condenaron la cooperación en materia de seguridad entre la AP e Israel.

"Escucha, escúchanos, Abás: recoge a tus perros y déjanos en paz", corearon los manifestantes durante lo que se describió como la más multitudinaria manifestación de los últimos años contra Abás en Ramala. También pidieron la derogación de los Acuerdos de Oslo con Israel, y acusaron a Abás de "cobarde" y de ser un agente de los americanos.

Se desconoce si Greenblatt había sido avisado de la gran manifestación, que surgió como protesta contra la violenta represión de las fuerzas de seguridad de la AP contra unos manifestantes pacíficos unos días antes.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás (derecha), con el enviado estadounidense Jason Greenblatt (izquierda) en Ramala el 14 de marzo de 2017. (Imagen tomada de un vídeo de NTDTV).

Los agentes de la AP emplearon una fuerza excesiva para dispersar a los que se manifestaban contra la decisión de la AP de llevar a juicio a cuatro palestinos por posesión ilegal de armas. Las fuerzas de seguridad de la AP arrestaron –y dejaron libres después– a los cuatro sospechosos, aunque se reportó que habían planeado llevar a cabo un atentado contra israelíes. Uno de ellos, Basel al Araj, resultó muerto en un enfrentamiento armado con soldados israelíes. (Al Araj estaba siendo buscado por Israel por planear un atentado contra israelíes. Cuando los soldados israelíes rodearon la casa en la que se escondía, abrió fuego contra ellos antes de que lo mataran).

La muerte de Al Araj y la decisión de la AP de enjuiciar a sus amigos desencadenó la primera protesta, que fue brutalmente sofocada por las fuerzas de seguridad de la AP. La segunda manifestación, unos días después, fue una reacción al excesivo uso de la fuerza por parte de los agentes de seguridad de la AP.

Las protestas en Ramala, capital de facto de los palestinos, son otra señal más del creciente descontento con Abás y su régimen autocrático. Los palestinos están particularmente enfadados por la coordinación en materia de seguridad de la AP con Israel, cuyo principal objetivo es combatir el terrorismo e impedir que Hamás se haga con el control de la Margen Occidental.

Pero esto no fue ni mucho menos una simple protesta contra Abás y sus fuerzas de seguridad. También fue un grito de guerra para proseguir con mayor vigor la lucha armada contra Israel.

"No a la paz y no a todo ese sinsentido, queremos balas y misiles", coreaban algunos de los manifestantes. Estos llamamientos a la lucha armada contra Israel provienen de Ramala, sí, no de la Franja de Gaza, gobernada por Hamás.

Las protestas también reflejan el rechazo de los palestinos al denominado proceso de paz con Israel. Además de pedir la dimisión de Abás, los manifestantes exigieron que los líderes de la AP cancelaran todos los acuerdos con Israel, en primer lugar y sobre todo los Acuerdos de Oslo.

Dicho de otro modo, los palestinos están afanándose por difundir este mensaje: Israel es nuestro enemigo, no nuestro socio para la paz.

En un desesperado intento de contener el creciente resentimiento en las calles palestinas, Abás ordenó investigar la violencia policial contra los manifestantes de Ramala. Hubo periodistas y abogados entre los que fueron brutalmente golpeados por los agentes de seguridad de Abás.

Aún así, numerosos palestinos expresaron su escepticismo ante las intenciones de Abás, y señalaron las comisiones de investigación sobre violencia policial habían dado lugar muy pocas veces a que se tomaran medidas contra los responsables. "La formación de una comisión de investigación sobre la violencia policial es otro intento de Abás de contener la rabia en las calles palestinas y evitar una intifada contra su régimen", comentó un periodista palestino en Ramala. "La sionista Autoridad Palestina de Abás representa una amenaza a la causa palestina".

Mientras Abás se reunía con el enviado de EEUU, un sondeo de opinión pública en Ramala revelaba que una mayoría del 64% de los palestinos querría que su presidente dimitiera. Otro 61% expresó su descontento con el desempeño de Abás. La encuesta mostró asimismo que de celebrarse ahora elecciones en la Margen Occidental y la Franja de Gaza, el líder de Hamás Ismaíl Haniyeh obtendría el mismo porcentaje de votos que Abás.

Nada de esto –ni las protestas y la rabia ni las expresiones de descontento de los palestinos– parece perturbar a Abás. Parece prácticamente desconectado de la realidad; en concreto, con el hecho de que un gran número de palestinos está desencantado con él y lo ve como una marioneta manejada por Israel y EEUU. Por ahora, no parece que le preocupe lo que su pueblo piense sobre él. Pero, a la larga, nunca podrá llevar a la práctica proceso de paz alguno con Israel sin el respaldo de su pueblo. Como su predecesor, Yaser Arafat, no quiere pasar a la Historia como un "traidor" que se vendió a Israel y los judíos.

Al parecer, Abás, cuya legislatura de cuatro años expiró en enero de 2009, le dijo al enviado de EEUU que era posible un acuerdo de paz "histórico" con Israel. Según un comunicado hecho público por el consulado de EEUU en Jerusalén, Abás "se ha comprometido a prevenir la retórica incendiaria y el incitamiento [contra Israel]".

He aquí, pues, un líder palestino que murmura acerca de un acuerdo de paz "histórico" con Israel mientras que a unos pocos cientos de metros su pueblo deja claro como el agua su mensaje de rechazo contra él y contra la paz.

Aún más irónico resulta que un líder palestino esté hablando de prevenir la incitación mientras él y sus medios y altos funcionarios siguen encabezando una campaña para deslegitimar y aislar a Israel. El otro día, sin ir más lejos, Abás decidió condecorar por su "valentía" a la alta funcionaria de la ONU Rima Jalaf por publicar un controvertido informe que acusa a Israel de "apartheid". Jalaf se ha convertido en una heroína a ojos de muchos palestinos por su informe y su subsiguiente dimisión.

Entre tanto, el ministro de Exteriores de Abás, Riad Malki, ha expresado su indignación por la decisión del secretario general de la ONU de rechazar el informe sobre el "apartheid" (lo que motivó la dimisión de Jalaf). Malki dijo que el liderazgo palestino ha dado instrucciones a sus embajadas y representantes en todo el mundo para que distribuyan el informe como prueba de los "crímenes" israelíes contra los palestinos.

La promesa de Abás de prevenir la retórica incendiaria contra Israel parece pasar por alto a sus periodistas y directores de periódico. Veamos, por ejemplo, la respuesta de los medios controlados por la Autoridad Palestina a la maratón de hace unos días en Jerusalén. Y es que la prueba deportiva se presentó como parte del plan de Israel para "judaizar" Jerusalén y cambiar el "carácter árabe e islámico" de la ciudad.

Además, los medios de Abás siguen tratando las visitas de los judíos al Monte del Templo como "invasiones provocativas" contra la mezquita de Al Aqsa. Los visitantes judíos son descritos como "bandas de colonos" que realizan "tours sospechosos" a lugares religiosos islámicos. Es precisamente este tipo de terminología lo que lleva a muchos palestinos a apuñalar y atropellar a los israelíes.

Abás puede hacer todas las promesas del mundo al nuevo enviado de EEUU. Cumplir con ellas es otra historia bien distinta.

Abás ha tenido múltiples ocasiones para llegar a un acuerdo "histórico" con Israel, pero jamás se ha llevado a término. Todo lo contrario: ha rechazado repetidas veces las ofertas de mantener conversaciones directas con Israel e insistido en su lugar en proseguir con su campaña para internacionalizar el conflicto, con la esperanza de imponer una solución a Israel.

En todo caso, Abás sabe que jamás podrá ganarse el apoyo de la mayoría de los palestinos en cualquier acuerdo de paz que firme con Israel. Ningún líder palestino está autorizado a ofrecer ninguna concesión a Israel a cambio de la paz.

El encuentro "cordial" y "positivo" con el nuevo enviado de EEUU no cambiará nada, y desde luego no las verdaderas convicciones de Abás.

El modus operandi de Abás consiste en huir de los problemas domésticos presentándose ante la comunidad internacional como un líder que busca la paz. Cada vez que las llamas amenazan con engullir su palacio de mentiras, el octogenario Abás corre a buscarse la simpatía de los líderes mundiales y la opinión pública internacional. Sus promesas de paz son tan hueras como la influencia política que exhibe ante sus donantes occidentales.

Categoría del Artículo:  Autoridad Palestina
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