• Los varones jóvenes solicitantes de asilo han convertido las piscinas públicas en un calvario de violaciones y acosos sexuales.

  • Los políticos parecen convencidos de que con un poco de educación sobre "igualdad" cambiarán los modales de unos hombres a los que, desde que eran niños, se les ha enseñado que es culpa de la mujer si el hombre tiene ganas de violarla.

  • Cada vez más suecos están evitando por completo las piscinas públicas.

  • Los empleados del parque temático familiar Hylliebadet nos dijeron que habían recibido instrucciones estrictas de no reportar ciertas cosas y, por encima de todo, de no mencionar la etnia o la religión de los que causaran problemas en las piscinas.

Hombres y mujeres, siguiendo una tradición sueca, han nadado juntos en las piscinas públicas durante más de cien años. Muchos se están preguntando ahora si se verán obligados a renunciar a esta costumbre, porque los varones jóvenes solicitantes de asilo han convertido las piscinas públicas en un calvario de violaciones y acosos sexuales.

Los baños mixtos empezaron en Suecia en Mölle, una pequeña localidad pesquera del sur. En torno a 1890, el "pecado de Mölle" cobró notoriedad: ¡hombres y mujeres se bañaban juntos! Y al aire libre, sin pudor, presumiendo de sus trajes de baño a rayas. Causó tal sensación que toda Europa se hizo eco de ella, y la gente venía de todas partes a participar en la nueva y excitante actividad. Los daneses llegaban sin cesar, e incluso el emperador alemán Guillermo II vino hasta Mölle en julio de 1907.

No debería sorprenderle a nadie que los hombres de Oriente Medio y el norte de África tengan una visión muy diferente de las mujeres a la que tienen los suecos. El único misterio es por qué a los políticos suecos se les ha metido en la cabeza que cualquiera que ponga un pie en suelo sueco aceptará inmediatamente nuestros valores, nuestra visión de las mujeres y nuestras tradiciones.

Ahora que por fin empiezan a darse cuenta de que muchos afganos, somalíes, iraquíes y sirios (los grupos más numerosos de inmigrantes que están llegando ahora a Suecia) creen que las mujeres que van por ahí ligeras de ropa son un blanco legítimo, los políticos están perplejos. Por supuesto, no pueden admitir –ante los suecos– que esta visión completamente ajena de las mujeres guarde alguna relación con el islam, porque entonces se convertirían en víctimas de lo que ellos mismos sostienen: que cualquiera que critique al islam es un "islamófobo".

Durante muchos años, fue posible ocultar los abusos, sobre todo porque los grandes medios optaron por referirse a quienes los cometían como "bandas juveniles", y nunca mencionaron que casi siempre eran inmigrantes de países musulmanes. En Malmö, uno de las ciudades con mayor concentración de inmigrantes en Suecia, y donde los suecos son de hecho minoría desde 2013, los problemas en las piscinas públicas empezaron hace quince años.

En 2003, "bandas juveniles" perturbaban tanto a otros bañistas en el parque acuático cubierto Aq-va-kul, que el establecimiento se vio obligado a cerrar en varias ocasiones. Pese a invertir 750.000 coronas (88.000 dólares) en unas puertas de entrada más altas, en acristalar la recepción, en cámaras de vigilancia y un "bañista" que hablara árabe para abordar los problemas de seguridad, las cosas siguieron yendo a peor. En 2005, uno de sus responsables, Bertil Lindberg, dijo al diario local Sydsvenskan: "Los problemas se han intensificado este año. Bandas de hasta diez y veinte personas amenazan y provocan a otros clientes y también a los empleados. No vienen aquí a nadar, sólo buscan problemas".

Uno de los problemas es que los jóvenes musulmanes se niegan a ducharse antes de bañarse, y se quedan con la ropa interior debajo el bañador. Por motivos obvios, esto no está permitido, y cuando los trabajadores advierten a los infractores, surgen los problemas y las amenazas. En varias ocasiones, las bandas han tendido emboscadas a los trabajadores cuando volvían a casa, y la empresa tuvo que contratar guardias de seguridad para que sus trabajadores llegaran a casa sanos y salvos. Los acontecimientos llegaron a su punto álgido en 2013, cuando bandas juveniles destrozaron los interiores, lanzaron objetos al agua y amenazaron a otros clientes. Aq-va-kul cerró, y drenaron la piscina y la limpiaron de cristales rotos. Pocos días después la piscina volvió a abrir, pero cerró permanentemente al público en 2015. Ahora se han renovado las instalaciones, pero sólo abren para nadadores profesionales y clubs de natación.

En Estocolmo, la piscina Husbybadet, en el barrio periférico de Husby, fue la primera piscina pública que tuvo problemas. En 2007, se informó de que el ayuntamiento había tenido que construir una depuradora de aguas aparte, que costó millones de coronas. El motivo eran los niveles de nitrógeno inusualmente altos en el agua, porque muchos jóvenes insistían en bañarse con la ropa interior sucia. El director de propiedades municipales dijo al diario local Dagens Nyheter:

El nitrógeno es comida para las bacterias, y un nivel alto de nitrógeno produce mal olor en el ambiente y suciedad en el agua. El nitrógeno proviene de la orina y el sudor. Sencillamente, tenemos un problema con la gente que se deja la ropa interior sucia debajo del bañador. Y que después se mete en el jacuzzi a 38 grados. Es como si pusiésemos una colada de ropa interior en la lavadora y usásemos esa agua todo el tiempo. La gente debe ir en bañador, y no bañarse con su ropa normal.

La actitud ante la desnudez en Escandinavia es muy diferente a la de Oriente Medio. Los suecos tienen muchas playas nudistas, donde hombres y mujeres nadan juntos sin un hilo de ropa, sin el menor indicio de acoso sexual. En los vestuarios separados por sexos de las piscinas públicas, no hay asomo de timidez. Los suecos y las suecas ven como algo normal ducharse y lavarse adecuadamente antes de meterse en la piscina, y hace un par de décadas había severos supervisores que vigilaban los vestuarios para comprobar que los clientes tuviesen el hábito de ducharse.

En los países musulmanes, la desnudez es algo extremadamente privado, y uno no se ducha voluntariamente con otros, ni siquiera con miembros del mismo sexo. Todos los empleados de las piscinas públicas con los que ha hablado Gatestone han confirmado que los musulmanes y musulmanas se duchan con la ropa interior puesta, y que después se la dejan bajo el bañador. Muchas musulmanas se bañan con el llamado burkini, una prenda que cubre el cuerpo entero, así que cuando los musulmanes ven a las suecas en bikini, muchos de ellos infieren que deben de ser mujeres "fáciles" a las que uno "puede" manosear.

En 2015, cuando aproximadamente 163.000 solicitantes de asilo llegaron a Suecia, los problemas en las piscinas públicas crecieron exponencialmente. Llegaron más de 35.000 jóvenes, llamados "niños refugiados sin acompañante", de los cuales el 93 por ciento son varones y afirman tener entre 16 y 17 años. Para evitar que estén completamente ociosos, muchos municipios les dan entrada gratuita a las piscinas públicas.

Durante los últimos meses, la cantidad de denuncias por agresiones y acosos sexuales contra las mujeres en las piscinas públicas ha sido abrumadora. La mayoría de los "niños" provienen de Afganistán, que está generalmente considerado como uno de los lugares más peligrosos del mundo para las mujeres. Cuando el diario Aftonbladet visitó el país en 2013, Fátima, de 61 años, le contó al periódico lo que era ser mujer en Afganistán: "¿Qué pasa si no obedeces? Bueno, pues que nuestros maridos o nuestros hijos nos pegan, claro. Somos sus esclavas."

Esperar que los hombres de una cultura que ve a las mujeres como esclavas de los hombres se comporten como los suecos no sólo es estúpido, sino peligroso. El señor Azizi, director de un gran hotel en Kabul, le dijo a Gatestone cómo ve un hombre promedio afgano las agresiones sexuales a las mujeres:

Lo que hacen los afganos no está mal en Afganistán, así que las normas de ustedes les son completamente ajenas. Las mujeres se quedan en casa en Afganistán, y si tienen que salir, siempre van acompañadas de un hombre. Si quieren que los afganos dejen de molestar a las suecas, tienen que ser duros con ellos. Denles clases sobre igualdad y sobre que no tiene sentido amenazar a las mujeres. La primera vez que se comporten mal, se les debe advertir, y a la segunda deberían deportarles de Suecia.

Uno de los primeros incidentes reportados sucedió en 2005, cuando violaron a una chica de 17 años en Husbybadet, en Estocolmo. El violador, de 16 años, empezó a manosearla en un jacuzzi, y cuando la chica se cambió a otra sala con chorros de agua, él y su amigo la siguieron. La llevaron a un rincón, y mientras el amigo la sujetaba, el chico de 16 años le arrancó el bikini y la violó. Durante el juicio, se supo que unas treinta personas habían presenciado la agresión, pero los adolescentes siguieron con la violación como si nada.

El violador de 16 años fue sentenciado a pasar tres meses en un centro de detención de menores y su amigo fue absuelto. La víctima estaba gravemente traumatizada y tuvo que recibir tratamiento en un centro psiquiátrico, tras varios intentos de suicidio.

Desde entonces, prácticamente todas las piscinas públicas de Suecia se han convertido en lugares peligrosos, especialmente para las mujeres. Durante los dos primeros meses de este año, las denuncias de violaciones, agresiones y acosos sexuales han ido en rápida sucesión. Unos pocos ejemplos:

En Estocolmo, en la primera semana de enero, el centro nacional de natación de Suecia, Eriksdalsbadet, decidió separar a los hombres y a las mujeres en los jacuzzis. Se trata de una polémica decisión en Suecia, que se produjo después de que se denunciaran varios incidentes a la policía, sobre todo en noviembre y diciembre de 2015. A la conservadora Anna König Jerlmyr, del Partido Moderado (Moderaterna), comisaria de la oposición en Estocolmo, no le pareció que separar a los hombres y a las mujeres fuese la manera correcta de tratar los problemas: "Es totalmente inaceptable que una piscina pública actúe de esta manera. Esto equivale a rendirse ante al acoso sexual y a lanzar mensajes a favor de una visión de las mujeres que es completamente reprobable. Hubiera sido preferible contratar a más personas y prohibir el acceso a los agresores", dijo al diario Dagens Nyheter.

Olof Öhman, director de la Administración del Deporte en Estocolmo, dijo al periódico: "Hay problemas similares en todas las piscinas públicas de Estocolmo, aunque la mayoría de las quejas afectan a Eriksdalsbadet".

El 14 de enero, los responsables del parque acuático Rosenlundsbadet en Jönköping anunciaron que iban a aumentar las medidas de seguridad. Según su director de operaciones, Gunnel Eriksson, la decisión se debió sobre todo a la conducta de un nuevo grupo de bañistas, los niños refugiados sin acompañante: "Se puede distinguir, por cómo se comportan, que vienen de una cultura diferente, que hay un choque cultural. Vemos cómo reaccionan a la piel desnuda". También es necesario un refuerzo de la seguridad, porque muchos de los migrantes jóvenes no saben nadar, sobrevaloran sus capacidades, y acaban en situaciones peligrosas.

El 15 de enero, un periódico local, Kungälvsposten, publicó que dos chicas habían sido agredidas sexualmente en un ascensor en la piscina pública de Oasen, en Kungälv. Los dos sospechosos eran "niños refugiados sin acompañante". Jonas Arngården, responsable municipal de Asuntos Sociales, dijo al periódico: "Esto demuestra que tenemos que trabajar más en los asuntos de igualdad e interacción con los recién llegados, en los colegios así como en los centros de asilo."

La agresión provocó que miembros del Movimiento de Resistencia Nórdica (Nordiska motståndsrörelsen), presunta organización neonazi, se presentara en Oasen el 13 de febrero. Se pusieron camisetas verdes con la palabra "Seguridad" (Trygghetsvärd) en la espalda, y "vigilaron" las instalaciones.

El ayuntamiento no ha reaccionado con firmeza a la agresión sexual, pero la visita de los justicieros asustó a los gestores municipales, y convocaron inmediatamente a la dirección de Oasen a una reunión. El alcalde Miguel Odhner declaró al diario Expressen/GT: "Es completamente inaceptable que haya una especie de justicieros disfrazados en las piscinas municipales. Es gravísimo que el extremismo violento compita por afianzarse en nuestro municipio."

En el centro nacional de Eriksdalsbadet, en Estocolmo (izquierda), se ha hecho tristemente célebre por los numerosos casos de asalto sexual contra mujeres y niños protagonizados por migrantes en sus instalaciones. En la piscina Oasel de Kungälv (derecha), dos chichas fueron asaltadas sexualmente en fechas recientes por "niños refugiados no acompañados". A resultas de todo ello, miembros del Movimiento de Resistencia Nórdico con camisetas en las que se leía "Servicio de Seguridad" (Trygghetsvärd) patrullaron las instalaciones.

El 18 de enero, los responsables de la piscina pública Fyrishov, en Uppsala, revelaron que en 2015 se reportaron siete casos de abuso de menores en las instalaciones. Según Fyrishov, los sospechosos eran todos migrantes recién llegados, adolescentes que no hablaban sueco. El centro aumentó las medidas de seguridad en agosto, contratando guardias y dando instrucciones a sus empleados para que vigilaran de forma más estricta.

El 21 de enero, se reveló que el número de agresiones sexuales había aumentado drásticamente en el parque acuático Aquanova, en Borlänge. En 2014, se denunció un solo caso; en 2015, se denunciaron unos 20 casos. Los incidentes afectaban a mujeres a las que les arrancaban el bikini, las manoseaban en los toboganes y las agredían sexualmente en los servicios. Ulla-Karin Solum, presidente de Aquanova, declaró a la televisión pública Sveriges Television que muchos incidentes "se deben a choques culturales".

Anette Nohrén, trabajadora de Aquanova, confirmó que todos los sospechosos eran de origen extranjero, y se quejó de que "es un gran problema. Nos desconcentran de nuestra principal tarea, que es la prevención de riesgos, cuando nos obligan a intervenir constantemente para evitar agresiones, y después, intentar averiguar qué ha pasado".

Aquanova ha establecido ahora nuevas normas, entre ellas, la de que los jóvenes de los centros de asilo tienen que ir acompañados de un adulto por cada tres solicitantes de asilo menores. El adulto tiene que estar con ellos en los vestuarios y en la zona de las piscinas.

El 25 de enero, el diario Expressen reveló que habían violado a una chica, en el ya tristemente conocido Eriksdalsbadet, a principios de mes. La policía aumentará su presencia en el centro y vigilará su interior con regularidad.

El 26 de enero, se informó de que recientemente una mujer y dos chicas habían sido víctimas de agresiones sexuales por parte de un grupo de jóvenes que no hablaban ni sueco ni inglés en la piscina de Storsjöbadet en Östersund. A pesar del incidente, no se expulsó a los jóvenes de las instalaciones, un descuido que después los trabajadores admitieron que había sido un error.

El 27 de enero, el ayuntamiento de Växjö anunció sus planes de contratar a un guardia de seguridad para vigilar la piscina pública local después de que dos niñas de 11 años fuesen agredidas sexualmente por un grupo de chicos. Las agredieron en una zona que no estaba a la vista de los socorristas. Mikael Linnander, padre de una de las niñas, declaró al diario Kvällsposten: "Siete u ocho tipos agredieron a las niñas. Dos de ellos las tocaron entre las piernas y les tocaron el pecho." El abuso no paró hasta que una mujer que nadaba con sus hijos regañó a los chicos. Tras el incidente, sacaron a los dos chicos de las piscinas, pero les permitieron quedarse en las instalaciones.

El 1 de febrero, los medios locales informaron de que al menos cinco chicas y mujeres habían sido sexualmente agredidas en una piscina pública de Vänesborg en las semanas anteriores. Las víctimas eran menores de 15 años y las mujeres rondaban la treintena. La policía dijo que no tenía sospechosos, pero declaró que el caso tenía prioridad alta.

El 25 de febrero, se reportó otro caso de agresión sexual en el centro de natación de Eriksdalsbadet en Estocolmo. El portavoz de la policía Johan Renberg declaró a Expressen que un grupo de chicas se vio rodeado de unos diez jóvenes que intentaban manosearlas. Un empleado de la piscina vio lo que estaba pasando y llamó a la policía. Las chicas pudieron identificar a los jóvenes, de cuya etnia no informó el periódico. No se detuvo a los hombres, pero fueron posteriormente interrogados.

Dada la reciente ola de agresiones sexuales en las piscinas públicas, resulta un misterio por qué el parque temático familiar Hylliebadet, que abrió recientemente en la multicultural Malmö, no ha reportado ninguna agresión sexual. Hylliebadet, cuya construcción costó 349 millones de coronas (unos 41 millones de dólares), tuvo una caótica semana de apertura en agosto de 2015. Al cabo de unos pocos días, se reportaron 27 "incidentes", pero ninguno de ellos relacionado con agresiones sexuales.

"No, jamás he oído que pasara nada de eso aquí", dijo un empleado de Hylliebadet a Gatestone. Sin embargo, cuando hablamos con otros trabajadores de manera confidencial, nos dijeron que habían recibido instrucciones estrictas de no reportar ciertas cosas y, por encima de todo, de no mencionar la etnia o la religión de los que causaran problemas en las piscinas. Otro empleado le dijo a Gatestone:

Por supuesto que hemos tenido incidentes aquí, en particular con hombres afganos que han metido mano a las chicas. No hace mucho, un hombre de origen árabe fue sorprendido masturbándose en el jacuzzi. Pero no se nos permite hablar de cosas como esa. Estos hombres entienden que está prohibido cuando se lo decimos, pero lo siguen haciendo de todas formas. Simplemente sonríen y siguen haciéndolo.

Parece improbable que los políticos suecos empiecen a deportar a los agresores sexuales. Los políticos parecen convencidos de que con un poco de educación sobre "igualdad" cambiarán los modales de unos hombres a los que, desde que eran niños, se les ha enseñado que es culpa de la mujer si el hombre tiene ganas de violarla. Ese cambio de actitud parece tan probable como si un sueco que estuviera de visita en Arabia Saudí renunciara inmediatamente al alcohol sólo porque está prohibido allí. El sueco cumpliría las normas mientras hubiese alguien mirando, y después aprovecharía cualquier ocasión para beber su aguardiente, porque es una tradición milenaria sueca, y que a los suecos les parece placentera y justa.

Otro trabajador de una piscina pública le dijo a Gatestone que los niños refugiados ahuyentan a los clientes comunes, y que cada vez más suecos están evitando por completo las piscinas públicas.

Incluso los suecos que han comprado los caros pases de temporada se abstienen de venir, porque creen que el ambiente es conflictivo. Considerando que los municipios dejan pasar gratis a los jóvenes solicitantes de asilo, uno podría decir con toda la razón que se está utilizando el dinero de los contribuyentes para espantar a los que pagaron.

Aunque respalda los artículos de Ingrid Carlqvist que ha publicado hasta la fecha, Gatestone Institute ya no está asociado a ella de ningún modo.

Categoría del Artículo:  Crisis migratoria europea, Suecia
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