Un imán libio que pidió a Alá que "destruyera" a todos los no musulmanes recibió más de 600.000 francos suizos (620.000 dólares) en ayudas sociales del Gobierno suizo, según la emisora suiza SRF.

Abu Ramadán llegó a Suiza en 1998 y se le concedió el asilo en 2004 tras alegar que el Gobierno libio lo perseguía por su vinculación a los Hermanos Musulmanes. Desde entonces, Ramadán ha reunido 600.000 francos suizos en ayudas sociales, según SRF.

Aunque Ramadán lleva viviendo en Suiza casi veinte años, apenas sabe hablar francés o alemán, y jamás ha tenido un trabajo estable. Ramadán, de 64 años, pronto tendrá derecho a recibir una pensión del Estado suizo.

Mientras se quedaba con el dinero de los contribuyentes suizos, Ramadán, un salafista muy conocido, pidió la introducción de la ley de la sharia en Suiza e instó a los musulmanes a no integrarse en la sociedad suiza. También dijo que los musulmanes que cometen delitos en Suiza no deberían someterse a las leyes suizas. En un sermón que Ramadán dio hace poco en una mezquita cerca de Berna, dijo:

Oh, Alá, te pido que destruyas a los enemigos de nuestra religión, destruye a los judíos, a los cristianos, a los hindúes, a los rusos y a los chiíes. Dios: te pido que los destruyas y devuelvas al islam su antigua gloria.

Saïda Keller-Mesahli, una activista por los derechos humanos suizo-tunecina, dijo que Ramadán es peligroso por su oposición a la integración musulmana: "Se trata de alguien que no llama directamente a la yihad, pero abona el terreno mental para ella".

Adrian Amstutz, diputado federal, culpó de la situación al multiculturalismo suizo:

Este escándalo es tan enorme que es difícil de creer. A los imanes que predican el odio hacia los cristianos y los judíos, y que critican la depravación de Occidente, se les concede el asilo y viven cómodamente como refugiados de las ayudas sociales. Todo esto con la complicidad de las autoridades cobardes e incompetentes que les dan carta blanca a los complacientes e ingenuos auxiliares del sistema de asilo y prestaciones sociales.

Beat Feurer, concejal del Ayuntamiento de Biel, la localidad suiza en la que Ramadán ha vivido veinte años, pidió a las autoridades suizas que abrieran una investigación: "Personalmente, soy de los que opinan que esa gente no tiene nada que hacer aquí. Se debería expulsarlos".

El escándalo de Ramadán se está repitiendo en los países de toda Europa, donde miles de posibles yihadistas violentos y no violentos están utilizando las ayudas sociales para financiar sus actividades. Una guía para los yihadistas en Occidente, Cómo sobrevivir en Occidente, publicada por el Estado Islámico en 2015, aconsejaba: "Si puedes pedir prestaciones adicionales del Gobierno, hazlo".

En Austria, más de una decena de yihadistas cobró prestaciones sociales para financiar sus viajes a Siria. Entre los detenidos estaba Mirsad Omerovic, de 32 años y predicador islámico extremista que según la policía recaudó varios cientos de miles de euros para la guerra en Siria. Omerovic, un padre de seis hijos que vive exclusivamente del sistema de ayudas sociales austriaco, se benefició de pagas adicionales por baja paternal.

En Bélgica, varios de los yihadistas que perpetraron los atentados de Bruselas y París donde murieron 162 personas en 2015 y 2016 recibieron más de 50.000 euros en ayudas sociales, que utilizaron para financiar sus planes terroristas. Fred Cauderlier, portavoz del primer ministro belga, defendió los pagos: "Esto es una democracia. No tenemos instrumentos para controlar cómo se gasta la gente las ayudas".

Sólo en el Brabante flamenco y Bruselas, decenas de yihadistas que lucharon en Siria recibieron al menos 123.898 euros en ayudas que no les correspondían, según el Ministerio de Justicia.

Anteriormente, el periódico flamenco De Standaard informó de que 29 yihadistas de Amberes y Vilvoorde siguieron recibiendo 1.000 euros al mes en ayudas sociales incluso después de haber viajado a Siria e Irak para luchar con el Estado Islámico. El alcalde de Amberes, Bart de Wever, dijo: "Sería injusto que estas personas se beneficiaran de las ayudas sociales y, por ejemplo, utilizaran sus prestaciones por desempleo para financiar su lucha en Siria".

En febrero de 2017, la Agencia Nacional de Empleo (RVA) reveló que 16 yihadistas que habían vuelto a Bélgica después de combatir en Siria estaban recibiendo prestaciones por desempleo. Wouter Langeraert, portavoz de la RVA, dijo:

Vivimos en un Estado constitucional. No todo guerrero sirio que regresa está en la cárcel. Algunos cumplen todos los requisitos legales: no están en la cárcel, se han preinscrito en su ayuntamiento y buscan trabajo, etc.

En Gran Bretaña, los contribuyentes financiaron a Juram But, el cabecilla de los atentados en el puente de Londres y el mercado de Borough, donde fueron asesinadas 8 personas y otras 48 fueron heridas.

Salman Abedi, el terrorista suicida de Manchester, utilizó una beca de estudios y otras ayudas pagadas con dinero público para financiar su plan terrorista. Abedi recibió al menos 7.000 libras esterlinas (7.000 dólares) de la Student Loans Company, pagada con dinero de los contribuyentes, tras iniciar la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de Salford en octubre de 2015. Se calcula que recibió 7.000 libras más durante el año académico de 2016, aunque ya había abandonado el curso. También se cree que Abedi ha recibido ayudas a la vivienda y prestaciones complementarias por valor de hasta 250 libras semanales.

David Videcette, exdetective de la policía municipal que trabajó en la investigación del atentado de Londres del 7-J, dijo del sistema de becas de estudios:

Es una forma fácil para el terrorista de seguir adelante y financiar sus actividades a costa del dinero público. Lo único que tienes que hacer es entrar en la universidad y después salirte. A menudo no tienen ninguna intención de aparecer por ahí.

El profesor Anthony Glees, director del Centro de Estudios de Seguridad e Inteligencia de la Universidad de Buckingham, dijo: "El sistema británico pone fondos al alcance de alumnos yihadistas sin que haya ningún control. Se necesita una investigación al respecto".

Entretanto, Shahan Chudhury, un yihadista de 30 años y origen bangladesí que se radicalizó en una cárcel británica, utilizó el dinero de las ayudas del Gobierno para llevarse a toda su familia cercana, incluidos tres niños pequeños, a unirse al Estado Islámico en Siria. La familia desapareció de la noche a la mañana, dejando todas sus pertenencias en su apartamento del este de Londres, según su casera.

En 2015, se supo que tres hermanas de Bradford que habían viajado a Siria aún seguían pidiendo ayudas. Jadiya, de 30 años, Zohra, de 33, y Sugra Dawood, de 34 años, que viajaron a Siria con sus nueve hijos, utilizaron las prestaciones complementarias y las deducciones fiscales por maternidad para financiar su viaje.

Más recientemente, una solicitud amparada por la ley de libertad de información reveló que Anyem Chudary, un islamista que está cumpliendo una sentencia de cinco años y medio por pedir apoyos para el Estado Islámico, recibió más de 140.000 libras esterlinas (180.000 dólares) de los fondos públicos para asesoría legal en su infructuoso intento de evitar la cárcel. Es probable que esta cifra aumente, ya que sus abogados siguen presentando demandas. Este padre de cinco hijos ha reclamado hasta 500.000 libras (640.000 dólares) en ayudas, a las que se ha referido como "subsidio del aspirante a la Yihad".

Chudary cree que los musulmanes tienen derecho a las prestaciones sociales porque son una forma de yizia, una tasa impuesta a los no musulmanes como recordatorio permanente de que son inferiores y están subordinados a los musulmanes.

Anyem Chuday, islamista británico preso por llamar a apoyar al Estado Islámico, cree que los musulmanes tienen derecho a las prestaciones sociales porque son una suerte de yizia, la tasa que se impone a los no musulmanes como recordatorio de que son inferiores a los musulmanes y están permanentemente sometidos a ellos. Él mismo recibió 500.000 libras (640.000 dólares) en prestaciones, a las que denominaba "subsidio para el reclutador de la yihad". (Foto: Oli Scarff/Getty Images).

Los medios británicos informaron de que antes de su encarcelamiento, Chudary se estaba llevando a casa más de 25.000 libras (32.000 dólares) al año en ayudas sociales. Entre otras limosnas, Chudary recibía 15.600 libras al año en ayudas a la vivienda para quedarse en una casa de 320.000 libras en Leytonstone, al este de Londres. También recibía 1.820 libras del ayuntamiento en deducciones fiscales, 5.200 libras en prestaciones complementarias y 3.120 libras en ayudas por tener hijos. Como las prestaciones sociales no están gravadas, sus ingresos equivalían a un salario de 32.500 libras (42.000 dólares). En comparación, los ingresos anuales medios de los trabajadores a tiempo completo de Gran Bretaña fueron de 28.200 libras (36.500 dólares) en 2016.

Aquí se pueden encontrar más ejemplos de abusos del sistema social en Gran Bretaña por parte de los yihadistas.

En Dinamarca, el Sistema de Seguridad e Inteligencia (PET, por sus siglas en danés), informó de que los yihadistas demasiado enfermos para trabajar, pero suficientemente sanos para combatir para el Estado Islámico, estaban recibiendo ayudas por incapacidad, enfermedad o jubilaciones anticipadas del Estado danés.

Anteriormente, un documento elaborado por el Ministerio de Empleo reveló que más de 30 yihadistas daneses siguieron recibiendo ayudas sociales, hasta un monto de 672.000 coronas danesas (92.000 dólares) incluso después de haberse unido al Estado Islámico en Siria.

El ministro de Trabajo, Troels Lund Poulsen, dijo:

Es totalmente inaceptable y una desgracia. Hay que pararlo. Si viajas a Siria para participar en la yihad, para convertirte en guerrero del ISIS, entonces, por supuesto, no tienes ningún derecho a recibir ayudas del Gobierno danés.

En Francia, el Gobierno ha cortado las ayudas a unos 300 individuos identificados como yihadistas. Francia es el mayor exportador de combatientes extranjeros a Irak y Siria, con más de 900 yihadistas que viajan al extranjero.

En Alemania, Anis Amri, el tunecino de 23 años que perpetró el letal atentado contra el mercado navideño de Berlín, utilizó múltiples identidades para recibir fraudulentamente prestaciones sociales. Al parecer, las autoridades alemanas sabían del fraude pero no actuaron.

Mientras, un yihadista que residía en Wolfsburgo y que se llevó a su mujer y sus dos hijos pequeños a Siria siguió recibiendo ayudas sociales alemanas, que ascendieron a decenas de miles de euros, durante un año después de haber abandonado Alemania. Las autoridades locales dijeron que las leyes sobre privacidad alemanas les imposibilitaban saber que la familia había abandonado el país.

En general, se ha descubierto que más del 20% de los yihadistas alemanes que combaten en Siria e Irak estaban recibiendo prestaciones sociales; los yihadistas también pueden volver a recibir ayudas tras regresar a Alemania. El ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, dijo:

Nunca debería haber llegado hasta aquí. El dinero de los contribuyentes alemanes jamás debería financiar directa o directamente el terrorismo islamista. Se deberían eliminar inmediatamente las prestaciones a esos parásitos terroristas. No sólo es que propagar el terror a costa del Estado alemán es extremadamente peligroso, sino también la peor provocación y una deshonra.

En los Países Bajos, el Gobierno canceló las ayudas sociales a decenas de yihadistas cuando un combatiente holandés llamado Jalid Abdurahmán apareció en YouTube con cinco cabezas cortadas. Abdurahman, nacido en Irak, llevaba viviendo de las ayudas sociales en los Países Bajos más de una década antes de unirse al Estado Islámico en Siria. Los servicios sociales holandeses lo declararon no apto para el trabajo y los contribuyentes le pagaron la medicación para tratarle su claustrofobia y su esquizofrenia.

La ley para cancelar las ayudas sociales a los yihadistas no se extiende a las becas para estudios: el viceprimer ministro Lodewijk Asscher dijo que el veto sería contraproducente porque haría más difícil el reintegro de los yihadistas que regresan.

En España, Saib Lachab, un yihadista marroquí de 41 años residente en la ciudad vasca de Vitoria, acumuló 9.000 euros en ayudas sociales para financiar su plan de unirse al Estado Islámico en Siria. Cada mes recibía 625 euros del Gobierno central y 250 del Gobierno vasco. También recibió 900 euros mensuales en prestaciones por desempleo.

Samir Madyub, un yihadista argelino de 44 años residente en la ciudad vasca de Bilbao, recibió 650 euros al mes en prestaciones sociales y 250 euros en ayudas a la vivienda. Reduán Bensbih, yihadista marroquí de 26 años residente en la ciudad vasca de Baracaldo, recibió ayudas sociales de 836 euros al mes incluso después de haber matado en el campo de batalla sirio. La policía arrestó finalmente a cinco musulmanes en el País Vasco que interceptaban los pagos y se los giraban a Marruecos. Las autoridades vascas dijeron que los pagos se mantuvieron porque no se les había notificado su muerte.

Ahmed Burguerba, yihadista argelino de 31 años residente en Bilbao, recibió 625 euros al mes en prestaciones sociales y 250 euros en ayudas a la vivienda hasta que fue encarcelado por delitos de terrorismo. Mehdi Kacem, yihadista marroquí de 26 años residente en la ciudad vasca de San Sebastián, recibió 800 euros al mes en ayudas sociales hasta que fue arrestado por pertenecer al Estado Islámico.

Anteriormente, se acusó a una pareja pakistaní residente en Vitoria de falsificar documentos de identidad para obtener ayudas sociales de forma fraudulenta para diez personas ficticias. La policía dijo que la pareja defraudó al Gobierno vasco más de 395.000 euros durante un periodo de tres años.

En Suecia, un informe elaborado por la Universidad de la Defensa Nacional halló que 300 ciudadanos suecos seguían recibiendo ayudas sociales incluso después de haber salido del país para combatir con el Estado Islámico en Siria e Irak. En la mayoría de los casos, los yihadistas usaban a amigos y familiares para arreglar los papeles y dar la falsa impresión de que seguían en Suecia.

El musulmán converso Michael Skråmo, por ejemplo, recibió más de 50.000 coronas suecas (5.000 dólares) en ayudas sociales después de haberse mudado a Siria con su mujer y sus cuatro hijos. Hasta un año después de que Skråmo se hubiese marchado de Gotemburgo no se terminó su prestación.

Magnus Ranstorp, uno de los autores del informe, dijo que los pagos sacaban a la luz la debilidad de los mecanismos de control suecos:

Michael Skråmo ha sido durante mucho tiempo uno de los simpatizantes del EI más conocidos. La policía debería tener alguna forma de dar la alarma e informar a todas las autoridades cuando alguien se ha ido de viaje por ahí abajo.

Mientras, la agencia de empleo público, la Arbetsförmedlingen, puso fin a un proyecto piloto concebido para ayudar a los migrantes a encontrar trabajo tras saberse que los empleados musulmanes de la agencia estaban reclutando a yihadistas suecos. El Estado Islámico sobornó presuntamente —y en algunos casos amenazó— a los empleados de la agencia en su intento de reclutar combatientes de Suecia.

Las autoridades municipales de Lund se mantienen impertérritas: han lanzado un proyecto piloto con el objetivo de ayudar a los yihadistas suecos que están volviendo de Siria en temas de vivienda, empleo, educación y otros apoyos económicos, todo gracias a los contribuyentes suecos.

Soeren Kern es analista de política europea para el Instituto Gatestone en Nueva York. Síguelo en Facebook y en Twitter.

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