Desde 2012, los aficionados al cine de Londres y de otras partes del mundo han podido disfrutar del Seret, el Festival Londinense de Cine y Televisión Israelíes. La última edición de esta celebración del talento cinematográfico israelí está teniendo lugar entre el 11 y el 21 de junio, y hay programadas proyecciones en la capital y también en Manchester, Leeds y Liverpool. Es un gran acontecimiento, que convoca a multitud de judíos y de no judíos, unidos por su amor al buen cine y la buena televisión. Las películas siempre son de temática muy variada, a fin de atraer a gente de diversa orientación política, religiosa y artística. La selección de este año incluye

una serie de temas fascinantes, desde lo tenebroso del incesto a los peligros del espionaje; las complejidades de salir con discapacitados o los abismos de las enfermedades mentales; el racismo, el romance entre amores perdidos, historias sobre mercados o poesía.

Otro elemento destacado del festival de este año es que está centrado en películas y documentales escritos, dirigidos y producidos por mujeres, y, siguiendo la reputación del festival de cuestionar los límites, presentamos dos películas realizadas por judíos ultraortodoxos de la comunidad haredí.

Entre las películas del programa de 2015 están Apples from the Desert ("Manzanas del desierto"), que trata de una chica criada por una estricta comunidad haredí que se incorpora al mundo laico; Beneath the Helmet ("Bajo el casco"), una historia sobre cómo se vuelven adultos unos jóvenes que salen del instituto y son reclutados por el Ejército israelí (Beneath the Helmet muestra cómo estos chicos y chicas no sólo defienden sus hogares, sino los valores de la paz, la igualdad, las oportunidades, la democracia, la tolerancia religiosa y los derechos de las mujeres); Dancing Arabs ("Árabes que bailan"), sobre un chico palestino que obtiene una plaza en una escuela de élite israelí, se siente aceptado en ella y se hace amigo de un compañero judío, o The Kindergarten Teacher ("El profesor de preescolar"), una película que ha recibido muchas alabanzas y que trata de un profesor de preescolar que escribe poesía y descubre el extraordinario talento de un alumno de cinco años que crea espontáneamente su propia poesía oral. El profesor se obsesiona con la necesidad de alentar su talento para componer poesías que "han visto mucha belleza" pese a sus trágicas circunstancias.

Uno pensaría que cualquier persona normal, y por supuesto alguien relacionado con el cine o la televisión, sacaría entradas para este programa tan intrigante y humano. Pero es una celebración del cine israelí, así que nadie debería sorprenderse de que los implacables odiadores de Israel irrumpan para que se cancele el festival.

El lunes 8 de junio un colectivo de cuarenta artistas y cineastas británicos exigió precisamente eso en una carta dirigida a ese bastión del amor por Israel que es The Guardian. La carta estaba firmada por un grupito en el que había directores, productores, actores, un compositor, un maestro, un profesor universitario, varios escritores, un escultor, un "artista", un cineasta y varias personas más. No es que constituyan una voz representativa de la industria cinematográfica británica, pero entre las firmas aparecían varios nombres muy conocidos, como los de Mike Leigh, Ken Loach, Miriam Margolyes, Peter Kosinski y John Pilger. No es que fuera una sorpresa, por supuesto, pero su presencia en la lista, junto a la de muchos otros, constituye una prueba palmaria de que no se trata más que de otra vuelta de tuerca del BDS.

De hecho, los firmantes vinculan explícitamente sus exigencias al movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones). He aquí la mayor parte de su carta:

Nosotros, los artistas, productores y ciudadanos preocupados abajofirmantes, nos sentimos decepcionados y tristes al ver que en el Curzon, el Odeon, el Bafta y otros cines se celebra el Festival Londinense de Cine y Televisión Israelíes.

Esto sucede en un momento en el que el movimiento global de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel está obteniendo un impulso sin precedentes, y el Gobierno israelí se siente cada vez más aislado por su sistemática violación de los derechos humanos palestinos, de las convenciones de Ginebra y de la legislación internacional. El Estado israelí promociona y financia este festival. Al acogerlo, los cines mencionados están ignorando el llamamiento que realizó en 2004 la sociedad civil palestina para que se sancionara a Israel hasta que se someta a la legislación internacional y ponga fin al desplazamiento ilegal de palestinos, a la discriminación a la que son sometidos y a la ocupación de sus tierras.

El festival se celebra tras las matanzas y la destrucción indiscriminadas cometidas en 2014 por las fuerzas armadas israelíes en la Franja de Gaza, y tras la reelección de un primer ministro israelí que niega a los palestinos la igualdad de derechos y la autodeterminación.

El festival está copatrocinado por el Gobierno israelí a través de su embajada en Londres, lo que vincula directamente a los cines y las proyecciones con las políticas israelíes. Al beneficiarse del dinero del Estado israelí, los cines se convierten en cómplices mudos de la violencia cometida contra el pueblo palestino. Semejante colaboración es inaceptable. Normaliza, aunque sea involuntariamente, la violenta, sistemática, ilegal opresión de los palestinos por el Gobierno israelí.

Ésta no es una petición para que no se exhiban películas de cineastas independientes, sino para que se rechace la participación y el apoyo financiero del Estado israelí. Instamos a estos cines a que apoyen al oprimido pueblo palestino y no participen en el festival.

¿De verdad vale la pena mencionar cada uno de los numerosos errores de facto y todas las expresiones de intolerancia pura y dura de la carta arriba reproducida? No se mencionan los crímenes de guerra cometidos por Hamás en la última guerra de Gaza, no hay referencia alguna a los informes de Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW) en los que se detallan dichos crímenes, se refieren las torturas cometidas por Hamás y su asesinato de palestinos y se refutan las alegaciones del movimiento islamista de que sus ataques contra Israel no fueron crímenes de guerra. Siempre pensé que los activistas pro derechos humanos confiaban enormemente en AI y HRW para obtener información y apoyo, pero está claro que cualquier deseo de información exacta queda anulado si se interpone en el camino de sus estridentes críticas a Israel.

La frase "las matanzas y la destrucción indiscriminadas cometidas en 2014 por las fuerzas armadas israelíes en la Franja de Gaza" también contradice por completo los hechos, que demuestran que Israel ha hecho más que cualquier ejército de la historia por minimizar las bajas civiles, y que se atuvo por completo a los límites marcados por la legislación internacional en sus ataques contra instalaciones militares sitas en zonas civiles.

Alegaciones como "los cines mencionados están ignorando el llamamiento que realizó en 2004 la sociedad civil palestina para que se sancionara a Israel hasta que se someta a la legislación internacional y ponga fin a su desplazamiento ilegal de palestinos, a la discriminación a la que son sometidos y a la ocupación de sus tierras" no son más que paparruchas. Israel ha respetado las leyes internacionales desde el día de su creación. Desde que le concedió autonomía política a los palestinos de la Margen Occidental y se retiró por completo de Gaza en 2005, ¿en qué sentido, exactamente, ha desplazado a los palestinos? ¿Por qué la discriminación israelí se considera un motivo para el boicot, cuando una discriminación similar en el Reino Unido, Europa y Norteamérica no es más que una simple cuestión de debate público y buena legislación? ¿Y por qué el nivel extraordinariamente bajo de discriminación que hay en Israel es motivo para prohibir un festival de cine, cuando una discriminación verdaderamente atroz en países como Irán, Arabia Saudí, Sudán, Afganistán, etc. no merece siquiera una mención?

Irán posee un extraordinario historial de películas reconocidas internacionalmente. Las obras de directores como Darius Mehryui, Mohsen Majmalbaf, Abas Kiarostami o Jafar Panahi son aclamadas en festivales cinematográficos internacionales como los de Cannes, Venecia y Londres. En muchas de ellas hay actuaciones impresionantes de actrices como Leila Hatami, protagonista de la estraordinaria película A Separation ("Una separación"), o de actores-directores como Pegah Ahangarani.

Irán tiene actualmente uno de los peores historiales de derechos humanos del mundo. Ejecuta al menos a tanta gente como China, reprime a las mujeres, persigue a las minorías religiosas, encarcela a los disidentes y expresa su deseo de borrar a Israel del mapa. Leila Hatami fue amenazada con ser azotada tras besar en la mejilla al presidente del Festival de Cannes, un gesto cotidiano en Francia. Ahornagan fue detenido y encarcelado en dos ocasiones por participar en 2009 en manifestaciones a favor de la democracia; manifestaciones que fueron brutalmente reprimidas por el régimen.

Los firmantes de la carta sobre el festival de cine israelí no han pedido nunca, que yo sepa, que se prohíba alguna película iraní basándose no en sus méritos individuales, sino en los abusos cometidos por su país de origen o en la nacionalidad de sus directores, productores y actores.

The Guardian ha publicado anteriormente alabanzas a diversas películas norcoreanas, entre ellas A Flower Girl. Pero Corea del Norte es uno de los Estados más represores y peligrosos del mundo, y está gobernado por un régimen que haría vacilar hasta a los ayatolás de Irán. Así que ¿por qué no hay cartas a The Guardian en las que se boicoteen sus películas? Huy, me olvidé: nadie pide nunca que se boicotee a Corea del Norte o a cualquier Estado verdaderamente represor.

Los activistas nunca se manifiestan contra Arabia Saudí, que acaba de confirmar la sentencia de 1.000 latigazos impuesta al bloguero Raif Badawi. Latigazos "muy fuertes", según reza la sentencia, como castigo por escribir cosas como "Mi compromiso es (...) rechazar cualquier opresión en nombre de la religión (...) un objetivo que cumpliremos de forma pacífica y respetuosa de la ley". Nunca se manifiestan contra Qatar, Irán, Corea del Norte, Rusia, China o Sudán. Sólo protestan por las acciones de una de las democracias más liberales del mundo, el único país de Oriente Medio que reconoce los derechos humanos de todos sus ciudadanos.

Cada uno de esos 40 firmantes debería sentirse avergonzado. Defienden los derechos humanos apoyando a un Estado terrorista y asesino, mientras condenan a una democracia que se ve obligada a defenderse de unas fuerzas exteriores empeñadas en destruirla. ¿De verdad alguno de ellos sabe lo que son la libertad de expresión y los derechos humanos, lo que significa la democracia o en qué consiste la legislación internacional? Sospecho que no.

Entretanto, el Seret sigue adelante. Los verdaderos amantes del cine y de la televisión verán las películas y se marcharán satisfechos, deseando ver más como ellas.

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