El profesor Pieter van der Horst estudió Filología Clásica, Literatura y Teología. Ha sido profesor de Estudios Judíos y otras materias en la Universidad de Utrecht.

"El Nuevo Testamento incluye algunos pasajes antisemitas. Éstos se encuentran sólo en los últimos documentos. El principal ejemplo está en el Evangelio de San Juan. Fue escrito después de que se hubiese producido la división entre los cristianos y los judíos. El sentimiento antisemita permea todo el libro, y contiene algunos de los versículos más antisemitas del Nuevo Testamento.

"San Juan ha hecho que Jesús se distanciara completamente del pueblo judío. Le deja hablar de los judíos, sus leyes y fiestas, como si él mismo ya no fuese uno de ellos. Lo peor de todo es que, en una discusión de Jesús con los líderes judíos, San Juan le hace decir: 'Vosotros sois de vuestro padre el diablo'[1]. En literatura cristiana posterior se recoge esa expresión."

Pieter van der Horst

"Este breve y fatal comentario ha tenido letales consecuencias durante dos milenios. Costó decenas de miles de vidas judías en la historia posterior, especialmente en la Edad Media. Los cristianos que odiaban a los judíos tomaron este versículo como licencia para matarlos. Esos asesinos pensaban: 'Si Jesús dijo que los judíos tenían al diablo como padre, deberíamos hacer lo posible por erradicarlos'.

"Todos los estudiosos del Nuevo Testamento coinciden en que esta no era la opinión de Jesús, sino la de San Juan. Cuando un grupo religioso se escinde de su religión materna, tiene que crear su propia nueva identidad. La sociología de la religión nos enseña que, en su primera fase, el nuevo grupo siempre empieza a atacar ferozmente a la vieja religión. La demonización más eficaz es llamar a los judíos 'hijos del diablo' y hacer que lo diga el propio Jesús. Por desgracia, el Evangelio de San Juan es uno de los libros más populares del cristianismo.

"Los textos antijudíos del Evangelio de San Mateo se ajustan a una imagen que no es en sí antisemita. Sólo en el relato de este Evangelio sobre la pasión de Jesús nos encontramos que Pilatos, el gobernador romano de Judea, dice: 'No veo nada diabólico en este hombre'. Pilato se lava entonces las manos simbolizando su deseo de no tener nada que ver con Jesús. La esposa de Pilatos dice: 'He soñado con este hombre. No lo toquéis, porque es completamente inocente'[2]. Todo lo que sabemos por otras fuentes nos dice que Pilatos careció completamente de escrúpulos y que fue un despiadado. La idea de que salvó a una persona de la pena capital porque lo consideraba inocente no es histórica, y es casi absurda.

"El texto de San Mateo debe entenderse en el contexto de su época, en torno a los años ochenta del siglo I. A mediados de la década 60 de la EC, bajo el emperador Nerón, comenzaron las primeras persecuciones contra los cristianos, seguidas por otras persecuciones menores a nivel local. Esto aterrorizó a los cristianos.

"Por motivos políticos, San Mateo estaba ansioso por que sus escritos le causaran a los romanos la impresión de que los cristianos no eran un peligro para ellos. Si Pilatos, un magistrado romano sumamente respetado, dice sobre Jesús 'este hombre es completamente inocente', significa que los romanos no tienen que temer el cristianismo. Esto, a su vez, lleva a la historia de que los judíos gritaron presuntamente: 'Que su sangre caiga sobre nosotros', lo que significa: 'Asumimos la responsabilidad por su muerte'. Transferir la responsabilidad por la muerte de Jesús al pueblo judío contradice lo que San Mateo dice en partes anteriores del Evangelio, en el sentido de que Jesús gozaba de una inmensa popularidad entre las masas, es decir, entre la mayoría de los judíos corrientes.

"También hay un caso aislado de arrebato antijudío en el apóstol Pablo. En una de sus epístolas a los tesalonicenses, dice que los judíos se opusieron firmemente a sus predicaciones. San Pablo, entonces, se va enfureciendo y dice: 'Estos judíos mataron a Jesús y los profetas, y por esa razón desagradan a Dios y son los enemigos de toda la humanidad'[3].

"Este es el único texto del Nuevo Testamento que dice que los judíos son el enemigo del resto de la humanidad. Esta idea recurrente se deriva del antisemitismo pagano precristiano, donde aparece muchas veces. Contradice completamente lo que dice profusamente San Pablo sobre el pueblo judío en su epístola a los romanos. En tres capítulos –9, 10 y 11– San Pablo hace un retrato más positivo del pueblo judío. No se dice que sean enemigos de la humanidad, ni tampoco en ninguna de las demás epístolas de San Pablo.

"En su última carta a los romanos, San Pablo dijo: 'Nosotros, los cristianos, debemos entender que el olivo es el pueblo de Israel y que nosotros sólo somos injertados en ese olivo'[4]. Su único arrebato antijudío parecer ser el de alguien que no siempre controla sus emociones. Sólo en los últimos siglos el cristianismo atacó a la religión judía con tanta ferocidad como pudo, también demonizándola".


[1] San Juan 8:44.

[2] San Mateo 27:15-26.

[3] 1 Tesalonicenses 2:14-16.

[4] Romanos 11:24.

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